viernes, 4 de mayo de 2012

Taller de corazones


Texto de Arturo Abad

Ilustraciones de Gabriel Pacheco

Editorial: OQO Editoria




Cuando llega la noche y el silencio de los soñadores inunda la ciudad,
del taller de corazones surgen misteriosos sonidos, porque…
Matías tiene un secreto.

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Taller de corazones recrea una artesanía maravillosa en la que no se arreglan zapatos, ni paraguas, ni se restauran muebles o se zurcen descosidos pantalones. Matías, el protagonista, repara —con el mismo mimo y cuidado que pone todo artesano— corazones dañados.


Su trabajo nada tiene que ver con el de un cardiólogo ni su taller con un quirófano. Con una estufa de leña calienta corazones helados; con agujas de plata cose corazones rotos; y con unas pinzas de olvido ajusta la hora de corazones que atrasan para que no se entristezcan con los recuerdos del pasado.


Para los “males del corazón” se recurre, convencionalmente, al efecto mitigador del paso del tiempo. Sin embargo, Arturo Abad nos hace soñar —en su primer cuento editado— con la posibilidad de que los daños emocionales puedan tener tan fácil remedio, como un dobladillo descosido o un tacón roto.

No obstante, no hay frialdad en el trabajo del protagonista ni en la narración del autor, cargada de ternura, consciente del simbolismo afectivo y sentimental atribuido universalmente a este órgano. Imposible tampoco no conmoverse con el secreto de Matías, que nos revela la generosidad sin límite y capacidad de sacrificio del que ama verdaderamente.



Este increíble taller y su protagonista sólo podrían cobrar vida en las siempre ensoñadoras imágenes de Gabriel Pacheco. El ilustrador mexicano juega intencionadamente con dos colores: el rojo y el azul, indisociables del corazón, la sangre que a través de nuestras venas azules es bombeada.

“Dicen que nuestro corazón es del tamaño de nuestro puño. Si es así, sea entonces el de los enamorados una mano abierta por la que vuela la vida”, proclama Pacheco. Seguramente este es el motivo de que centre la carga narrativa de las imágenes en los delicados y etéreos protagonistas: Matías y su amada Beatriz, a los que él ve como “dos opuestos que se persiguen infinitamente”. Por ello, en sus ilustraciones es él quien sale al encuentro de ella cada primavera —estación enfatizada por un collage de telas de flores que trepan por los árboles— en el “juego incesante que se enhebra por el hilo del tiempo”.



El hilo es una imagen recurrente y conductora en la narración visual que realiza complementaria al texto de Arturo Abad y que el ilustrador justifica en el hecho de que “nuestros corazones se tejen del hilo que fecunda, que se ovilla, que es crisálida de flor: esa promesa que es la vida misma”.
Igual de presentes están las latas, también con finalidad simbólica: “nada está perdido, siempre podemos comenzar cosas: es como la lata que rueda por el tiempo hasta que retoña una primavera como un tiesto lleno de flores”. Así nace el amor o así lo ven y lo cuentan Gabriel Pacheco y Arturo Abad. 




Gabriel Pacheco

Graduado en Escenografía por la Escuela Nacional de Teatro del INBA, en México, Gabriel Pacheco explica que siempre ha tenido la idea “del ser humano como algo muy incierto, muy liviano”. Piensa en “este mundo como un sueño que navega en una botella en alta mar. Jamás sabremos si llegará a alguna playa pero soñamos con ello, tal vez para imaginar y para desear que alguien leerá lo que un día dibujamos y no sentirnos tan solos”. La promesa en los libros –considera– es justo esa botella que hace flotar nuestra vida.

Su poesía visual ha sido reconocida en diversos certámenes internacionales. Así, en 2009, recibió por Hago de voz un cuerpo, editado por Fondo de Cultura Económica, la Mención Especial en la categoría New Horizons de los Bologna Ragazzi Award. El Consejo de Diseñadores de México le concedió la Mención de Plata de los Premios Quórum por este mismo libro, que ha sido incluido en el prestigioso catálogo 50 books/50 covers del American Institute of Graphic Arts y considerado como uno de Los mejores libros para niños y jóvenes de 2008 del Banco del Libro de Venezuela.

Con L’uomo d’acqua (ZOOlibri), resultó finalista del Concurso CJ de Ilustración, convocado por la fundación cultural CJ de Corea del Sur en el marco de la Primera Feria CJ de Álbum Ilustrado, con el apoyo del Ministerio de Cultura coreano.

También ha sido seleccionado, entre otros, en la Feria de Bolonia (2007 y 2008), Ilustrarte 2007 (Portugal), IV Exhibición Internacional de Ilustración infantil ‘I Colore del Sacro’ del Museo Diocesano de Padova (Italia) y el Blue Book Group (Irán).

Entre otros trabajos actuales, Pacheco está ilustrando para Siruela las cubiertas de los libros que Jordi Serra i Fabra, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, publica con esta editorial, como Trilogía de las tierras, obra pionera y ya clásica de la ciencia ficción en España. Texto OQO.









Si crees que alguien que conoces puede tener dañado su corazón puedes remendárselo un poquito con una muestra de cariño. Por ejemplo, haciendo un corazón para que sepa que le quieres.


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